11 DE abril DE 2017 11.43 H.

“Pónganse en la piel de una madre que pierde a su hijo en un bombardeo”

Las historias más reales y verdaderas son las que nos cuentan los profesionales y voluntarios que trabajan en el terreno. Gracias a ellos y ellas tenemos información sin filtros y de primera mano. Esta entrevista, realizada a nuestra matrona del campo de refugiados de Ritsona en Grecia, está dedicada a estos profesionales y a sus pacientes, mujeres y niñas adolescentes, que en el camino hacia una vida mejor, o ya desde los campos de refugiados, luchan por el derecho a una maternidad protegida y segura.

Hola Gabi, ¿cómo estás? tuve a mi bebé y estoy bien. Te echo de menos. Este es el mensaje que recibió hace unos días Gabriela Pérez Noceti, matrona del campo de refugiados de Ritsona, en el que Cruz Roja Española gestiona una clínica que ofrece cuidados básicos de salud. Este mensaje lleno de emoción es de Zina, una de sus pacientes, y es el final feliz de una de las miles de historias de personas refugiadas en Grecia. Zina fue acogida en otro país europeo justo en los últimos días de su embarazo en Grecia. Pese a los riesgos de coger un avión y contrariando las indicaciones de los médicos, subió a ese avión que le llevaba a otro destino, con la total convicción de que tenía que hacerlo por ese hijo que estaba a punto de venir al mundo. Todo salió finalmente bien. Y como se suele decir tras cada parto: “tanto la madre como el niño, están bien”.

Esta es la primera “misión” de Gabriela, aunque en Uruguay, el país en el que nació, también trabajó en contextos muy complejos, de mucha pobreza y necesidad.

Ritsona, donde trabaja Gabriela, es un campo de refugiados en el que conviven desde hace un año unas 180 familias, mayoritariamente procedentes de Siria, quienes, a pie, en tren, autobús o patera, han recorrido 180 caminos muy distintos para llegar hasta Grecia. Esta matrona uruguaya de abuelos italiano y europeo, conoce muy de cerca la vida e intimidad de decenas de mujeres de este campo de refugiados. No es raro ver cómo alguien la abraza o besa durante sus clases de post-parto o masaje para bebés. Gabriela es muy querida en este campo, al igual que el resto de sus compañeros de misión.

¿Qué es lo que más te ha impactado al trabajar con las personas refugiadas en Grecia?

La valentía que tienen estas mujeres. Me quito el sombrero todos los días. He visto reportajes en algunos medios de comunicación que hablan de las mujeres como personas que se lamentan, que son débiles, que se sienten desgraciadas, y realmente son mujeres muy fuertes y valientes. Me impacta muchísimo la fuerza que tienen, por eso me duelen estos reportajes, porque es verdad que están tristes, pero las mujeres refugiadas embarazadas tienen una ilusión increíble porque nazca ese bebé, porque tenga un futuro.

¿Cuál es la meta de estas mujeres, cómo soportan la vida en un campo de refugiados?

Para ellas, su objetivo más próximo es la entrevista de inmigración para ser reubicadas en otro país. La fecha de la entrevista es lo más importante y todo gira a en torno a esto. De hecho, cuando me di cuenta de que esta fecha era tan importante, empecé a indicarla en la primera página de las historias clínicas.

Es difícil para ellas asumir que esto [estancia en el campo de refugiados] va a ser largo. He tenido casos que arriesgan mucho por la entrevista. Tuve a una mujer que tuvo un aborto espontáneo, se encontraba mal después del aborto, y no podía viajar. En esos días, llegó la cita de la entrevista, y en el estado en el que estaba se fue, haciendo un viaje de ida y vuelta de muchas horas en autobús. Cuando volvió al campo, hizo un retroceso enorme en su recuperación. Es tan importante el momento de esa entrevista para estas personas, que harían cualquier cosa por no perder la cita.

Todas las mujeres refugiadas llegan seguramente con muchos problemas ¿pero existe algún caso que te parezca especialmente vulnerable?

Efectivamente, todas estas mujeres necesitan cuidados especiales, aunque algunas tienen mayor riesgo médico, por ejemplo, tengo a una mujer que es “añosa” (39 años), asmática, que está operada de las rodillas, y embarazada de 30 semanas. Cuando vino aquí, ni siquiera la pude remitir a un hospital porque no tenía documentación. Había venido desde Siria, caminando por Turquía. Al hacerle la analítica vimos que también era diabética insulino-dependiente. Así que fue derivada a Atenas y cada semana tiene que ir al hospital para hacerse el seguimiento en una unidad de alto riesgo.

Otro caso que va a ser difícil borrar de mi mente, es por ejemplo el de una mujer que perdió a un hijo en la guerra y volvió a quedar embarazada. La ilusión de esta mujer por vivir estaba en su nuevo bebé, y no imaginas qué felicidad tenía con su embarazo, cada día venía a que la mirara, a ver si el bebé estaba bien, cómo estaba colocado, si se movía, los latidos…

La parte emocional tiene especial relevancia cuando trabajas con personas refugiadas. No podemos dejar de lado la situación de la que provienen: un contexto de guerra, dejando atrás sus casas, sus familias y amigos, en muchos casos su vida profesional, es decir todo, todo lo que hace la identidad de una persona, a esto se suma la incertidumbre en la que se encuentran. Por eso, he descubierto que mucho más que cualquier medicación que yo pueda ofrecerles, el poder reír con ellas cuando tienen buenas noticias, o escuchar en sus caravanas los latidos del bebé junto a los hermanitos….es lo que más necesitan.

También me ha tocado, y nos ha tocado como equipo, acompañar en el duelo. Y esto es una parte que no puede faltar en nuestra asistencia, desde el punto de vista médico y también humano.

Los profesionales que trabajáis en los campos estáis expuestos a un bombardeo constante de vivencias, estáis en permanente contacto con las personas refugiadas, ¿cómo gestionáis esta acumulación de historias personales?

Es cierto. Hay días en los que tienes muchos pacientes, otros, puedes tener diez pacientes, pero diez pacientes con diez historias tremendas para digerir en un día, es mucho. Tienes que ejercitar la empatía pero no morirte de tristeza con las historias de las personas, porque si no, tampoco consigues ayudarlas.

Yo siempre les cuento mi vida: mis abuelos, uno de España y otro de Italia, se fueron huyendo de la guerra a Uruguay (yo nací en Uruguay y eso es un orgullo para mí). La Humanidad siempre migró por diversos motivos. Uno, cuando está en una situación mala se enfoca en eso, pero si se intentan ver las cosas con otra perspectiva eso puede aliviar. Después de hacer la catarsis, de sacar ese dolor, hay que salir y continuar.

¿Qué contarás a tus colegas del Hospital de Palamós sobre tu trabajo como matrona en Ritsona?

 

Cuando vuelva, no voy a saber cómo empezar. Lo primero que voy a hacer es agradecer, bueno, no sé cómo agradecerles lo pendientes que han estado de colaborar, de asesorarme, para cada cosa. Por ejemplo, con esta mujer diabética, todos me han ayudado porque en el Hospital de Palamós tenemos un equipo que está especializado en Diabetes Gestacional, yo les enviaba las fotos, y ellos me enviaban todo tipo de información. He tenido “voluntarios a distancia” con ellos, y se han portado de una manera increíble. Aquí, como cuesta tanto comunicarse con el hospital local, las enfermeras y doctoras tenemos en España “una red a distancia” y así encontramos soluciones más rápidas. Isabel Erquiaga, la doctora del equipo, también tiene su red de médicos asesores desde Navarra. Isabel, por cierto, es una doctora como la copa un pino, conecta tanto con el paciente, los escucha, los mira, es una crack.

Ante tantos tópicos que hay respecto a las personas refugiadas… ¿qué contarías a quienes no conocen de cerca la situación real de estas personas?

Yo les pediría que se pusieran en la piel de una madre que ha perdido a su hijo en la guerra.

Las guerras no se hacen solas, siempre surgen de intereses económicos. Me acuerdo en Uruguay cuando nos veníamos a España, que una de las cosas que menos me gustaba es que la gente no reaccionaba, no se movilizaba en general por nada en ese momento. Cuando vine a Barcelona y vi cómo miles de personas cada día salían a manifestarse en contra de la guerra de Irak, me enamoré perdidamente de esa gente. Yo creo que tenemos esa fuerza y el cambio sigue estando en nuestras manos.

¿Cómo te sientes ahora, cinco meses después de tu llegada a este campo de refugiados y a punto de marcharte?

Me siento dividida ahora que me voy. Cuando llegue, tengo que aterrizar. A nivel personal es una movida, pero tengo que procesar todo esto. Aquí aprendes a relativizar, a reubicar prioridades, a adaptarte a lo inesperado…y a que siempre se puede volver a marcar un rumbo nuevo en tu vida.

Profesionalmente, he aprendido mucho y he descubierto el maravilloso e imprescindible trabajo que realizan mis compañeros mediadores y traductores Khadija, Raquel, Amin y Sami. Sin ellos sería imposible trabajar. En mi ámbito materno-infantil, las dos mediadoras (mujeres) nos han ayudado no solo a traducir sino a interpretar lo que les pasa a las pacientes.  Lo mucho o lo poco, todo lo que pude hacer… los momento más duros y los más bonitos, siempre fueron vividos en equipo con mis queridas mediadoras.

No puedo comprender cómo hacen para trabajar en los hospitales sin poder realizar una mínima historia clínica de los pacientes cuando no es posible entenderse por el idioma, y mucho menos cómo pueden los pacientes ejercer su derecho básico a la autonomía sin poder dar un consentimiento sobre ningún procedimiento ni tratamiento que se le realiza.

Por último, el hecho de no tener traductores-mediadores en los centros sanitarios griegos, hace que se produzcan situaciones totalmente irregulares desde el punto de vista legal.

Y bueno, también hay muchas cosas maravillosas que contar: Una vez, al final de una clase con embarazadas, les pedí que nos tomáramos de las manos, y que cada una dijera lo que más deseara, o lo que se le ocurriera en ese momento. Y fueron diciendo de una en una: -“yo, que mis hijos puedan estudiar”; -“yo, salir de aquí”-; -“yo, irme a otro país”-; y al final, una de ellas dijo: -“Yo, lo que más desearía (no importa el país al que vaya) es encontrarme a personas como ustedes”-.

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